Ríete de Darwin

31 julio, 2010

El Fraude más Grande y Ridículo de Todos los Tiempos

Por Luis de Guerrero Osio y Rivas

I

Muchos hay que no dan crédito: Hombres de ciencia de indudable talento niegan la existencia misma de Dios. ¿Por qué?

Debiera ser evidente que el autor puede ser objeto de la envidia, y después del odio del descubridor, ya que el autor lo es todo, y el descubridor le presta sus servicios y revela su grandeza. Pero, ¿y si el Creador no existiera? Entonces el descubridor se quedaría con todo el crédito, su descubrimiento pasaría a los ojos del mundo como una creación única. Nada más que agradecer a nadie más.

Hay entre los hombres quienes quieren, como Luzbel, ser adorados.

La suplantación completa del Creador tiene el sentido perverso del `todo o nada’. Pretender robarle a Dios una parte de su obra equivaldría a ser desenmascarado como pirata por la parte restante, y los evolucionistas quieren ser adorados en serio, como su jefe pretendió desde el principio. Eso hace del ateísmo una posición intelectual tan fiera como intransigente.

II

El origen religioso del darwinismo está en el Talmud

” R. Eleazar further stated: What is meant by the Scriptural text, This is now bone of my bones, and flesh of my flesh? This teaches that Adam had intercourse with every beast and animal but found no satisfaction until he cohabited with Eve. (Talmud:Yebamoth 63a.)

Traducción: “El rabino Eleazar añadió: ¿Qué quiere decir la Escritura con “Esta si es carne de mi carne y hueso de mis huesos? Esto nos enseña que Adán tuvo relaciones sexuales con toda bestia y animal pero no quedó satisfecho hasta que las tuvo con Eva. (Talmud:Yebamoth 63a)“.

Esta peculiar interpretación de Génesis 2:23 la necesitaba el rabinato para explicar en el Talmud por qué sólo los judíos son plenamente humanos. Por qué sólo ellos pueden tener la patria potestad sobre sus hijos, ser propietarios, Etc. Como esta explicación en vez de convencernos de la superioridad judía habría provocado carcajadas, se hacía imperativa otra justificación, y no había en 1859 en que Darwin publicó refugio más acreditado que “la ciencia”.

Si le parece ridículo que Adán tuviera relaciones sexuales con todos los animales del Jardín del Edén, y más aún antes de que estuviera genitalmente dotado (el sexo hace aparición en Génesis después del Pecado Original, y para nada se hubiera justificado sin Eva), no le va a parecer menos ridícula la explicación “científica” sustitutiva después de este breve análisis:

Las ciencias han adquirido prestigio como construcciones experimentales. Lo que no se puede comprobar no amerita que se le dé por comprobado. Obvio.

Darwin alcanzo rápida fama. No se la otorgaron los penalistas por perpetrar un fraude, que hubiera sido lo correcto; no. Se la otorgó la ignorancia a pesar de los reproches iniciales de la misma prensa diaria: “Lo que el señor Darwin parece haber olvidado –le dijo la prensa tras la presentación de su libro– es que nosotros, los ingleses, somos una nación de criadores de perros y caballos; y tan competentes en estos menesteres que nadie en el mundo pone en duda nuestra competencia. Pues bien, a pesar de ello, y de nuestra aplicación multisecular, jamás hemos visto que un caballo pase de ser un caballo, o que un perro pase de ser un perro”.

Nadie lo ha visto. La prensa inglesa se redujo al mínimo exigible: un solo caso. La contestación, sin embargo, reclamaba mucho más de un caso. Iba a requerir de todo el sistema ecológico con millones de millones de seres vivos transformándose simultáneamente en seres distintos, pero perfectos; y para colmos ensamblándose dentro del proceso en un sistema único, interconectado y autosustentable. Hasta hoy no hemos visto un solo caso, mucho menos los millones de casos requeridos. La prensa inglesa del momento sigue victoriosa sobre Darwin 150 años después: Ni un solo caso.

Y los evolucionistas, para una más sonora carcajada, se refugiaron en lo único que les quedaba: ¡Es que hacen falta millones de años!


III

Ahora, para no dejar la carcajada en veremos nos metemos a un juzgado:

–Señor juez: Entienda usted por favor que el banco se asaltó solo.

–Está usted loco, los bancos no se asaltan solos.

–Pregúntele a la Secretaría de Educación. Que se dé un caso una vez cada mil años demuestra que no es imposible, prueba únicamente que apenas está viviendo su señoría lo suficiente.

–¡No me obligue a dictar en su contra un interdicto de demente abogado!

–Mire Señoría, si los changos se volvieron hombres por tener tiempo suficiente para ello, y cuántos hombres acaban suicidándose. . . ¡Pruébeme usted el IMPOSIBLE de que los bancos, tan evolucionados como los tenemos hoy, no puedan asaltarse solos! Consulte usted con la SEP señor Juez.

Para ayudar al juez, obviamente, habría que comenzar por los changos que promueve la Secretaría de Educación Pública, y así lo entiende el agente del Ministerio Público:

–Su Señoría, ese argumento sobre el tiempo se lo resuelvo con el ejemplo de mi suegra. . .

–Adelante, señor fiscal.

–Puras arrugas señor juez.

–Gracias, señor fiscal. En efecto, lo único que deja el tiempo señor abogado de la defensa, son arrugas, huesos áridos y ruinas. Nunca ha dejado otra cosa, ni edificio hay que no requiera mantenimiento. Dada la naturaleza siempre destructiva del tiempo, el peor refugio para una teoría disparatada que no puede ofrecer una sola prueba viable es el destructivo transcurrir del tiempo.

–¡Pero los dinosaurios Su Señoría!

–Precisamente abogado. ¿Dónde están los dinosaurios?

–Se extinguieron en el Cretáceo, la última etapa del Mesozoico, hará unos 70 millones de años.

–Sin concederle nada de sus millones, abogado, así de destructivo es el tiempo; y junto con ellos han desaparecido incontables otras especies, lo que prueba lo contrario a la evolución. Es contradictorio afirmar que todo ha evolucionado sin poder aportar una prueba, para luego afirmar que los dinosaurios no pudieron evolucionar, adaptarse, y por consiguiente ¡desaparecieron!

Interviene el secretario del juzgado:

— Si Su Señoría me permite. . .

— ¿De qué se trata señor secretario?

— Que si los evolucionistas no pueden ni con la supervivencia de las especies, que es el mínimo; ¿cómo se atreven a postular el transformismo a especies superiores?

–¡Muy bien dicho, señor secretario! La menor comparación de los máximos y mínimos requeridos con los hechos finiquita todo el asunto.

— ¡Ustedes han de ser de los retrógrados que afirman que Dios creó el mundo en seis días!

–¿Qué opina usted, señor fiscal; y usted señor secretario?

–Si me permite Su Señoría, mi suegro que también lo es del señor secretario viene por mí para ir a comer, y acaba de hacerse presente en la antesala. Es el experto que necesitamos.

–Hágalo pasar señor fiscal. Y explíquele en el camino el problema. Redúzcalo a plazos cortos versus plazos largos en función de la complejidad del proyecto.

Entra el experto al juzgado.

–A sus órdenes, señor Juez: El asunto es apasionante en el terreno científico; porque verá, hay procedimientos de laboratorio que exigen largos períodos de tiempo; y otros, por el contrario, que para darse exigen tiempos muy cortos. En general lo complicado puede requerir fracciones tan cortas como fotografiar una bala en vuelo, y lo elemental como el añejamiento en barricas muchos años.

–Eso es interesantísimo. ¿Cómo se determina el plazo en función de la complejidad?

–La ciencia moderna, Su Señoría, tiene la capacidad de construir modelos operativos, de hacer simulaciones. Entre los problemas más complejos está el diseño de nuevos tipos de aviones, sistemas sofisticados si los hay entre los ingenios modernos. Sin embargo, no hay avión que tenga la perfección y complejidad de los seres vivos. El más sencillo de los seres vivos que vemos volar, –pongamos por ejemplo un mosquito– es capaz de reproducirse; lo que de imitarse abarataría enormemente el precio de los aviones que carecen de esa y de muchas otras funciones vitales. Pero. . . Tal es su complejidad que a nadie se le ocurriría fabricar un mosquito, ni siquiera una célula viviente del mismo. Por ejemplo: e-coli, bacteria unicelular que habita el tracto digestivo de los mamíferos es tan compleja como una ciudad industrial. Y si eso podemos decir de una sola célula elemental, ¿qué diríamos de fabricar el conjunto de los seres vivos, millones de especies que requieren una organización estructurada en conjunto, y perseverar en un delicado equilibrio para subsistir?

–Adelante, doctor. Hablaba usted de modelos y simulaciones.

–Lo primero que se requiere es tener una idea de la complejidad del problema, y la naturaleza misma nos da la clave. Hará unos sesenta años que en Australia se premió en efectivo la muerte del lobo australiano por los daños que causaba a los rebaños. Tanto éxito tuvo que acabaron con ellos, son una especie extinta, y el resultado inmediato demostró que hay remedios miles de veces peores que la enfermedad. Libres de su enemigo natural los conejos se reprodujeron tanto que Australia se quedaba sin cosechas y sin rebaños. Las cosechas iban a parar a las panzas de los conejos. El caso se repitió con sus variantes en enero de este 2009 en una isla diminuta al sur de Australia; lo que para no alargar abrevio al lugar en Internet que lo reporta en inglés como “Macquarie Island faces ‘ecosystem meltdown’ after conservation efforts backfire” véalo en: http://www.guardian.co.uk/environment/2009/jan/13/macquarie-cats-conservation

–Lo doy por bueno sin verlo. Siga usted con su exposición doctor.

–De la misma manera que hacemos simulaciones para volar aviones antes de construirlos y probamos distintas configuraciones antes de volarlas, podemos introducir especies dentro de un entorno determinado. Nuestro entorno tendrá como meta permanente el equilibrio entre las especies para impedir que se dé un caso de desequilibrio capaz de destruir el mundo como los conejos –exagerando un poco– estuvieron a punto de acabar con Australia. Eso nos va a obligar a apegarnos a la cadena alimenticia. Cada X número de conejos con su lobo. ¿Me doy a entender hasta aquí?

–Sin duda, hasta parece fácil. ¿Cuál sería el objetivo de la simulación doctor?

–El objetivo sería precisamente determinar la rapidez requerida para montar el sistema en base a su complejidad señor juez.

–Me parece extraordinario. Eso es precisamente lo que queremos. Siga usted por favor.

–El que parezca fácil es lo engañoso del asunto. La ecología es ante todo un sistema interactivo de un dinamismo único, y de una complejidad que nos rebasa. Un solo virus como fue la Peste Negra el siglo XIV acabó con la tercera parte de la población de Europa. Una pandemia así de mortífera, si le añadimos que pudieran sobrevivir los virus varios días sobre los objetos y que contagiaran al tacto pondría fin a la humanidad. A lo que vamos llegando es al hecho de que, mientras más especies vamos añadiendo, más se dificulta conservar el equilibrio y no al revés. Permítame el ridículo de compararlo con una orquesta a la que se le van añadiendo músicos para tocar una sinfonía. Mientras más músicos añadamos más difícil se vuelve la coordinación que exige su armonía. La diferencia con nuestra orquesta imaginaria radica en que las especies carecen de partitura y de un director visible para guiarlos, y tampoco son una centena de músicos sino mil millones de especies. Para ser justos tendríamos que asignar partituras tan diferentes como sería de esperar del elefante y la hormiga. Como verá, no podemos ni imaginar la millonésima parte del problema real que la falsa ciencia quiere someter a la magia de una palabra que supuestamente lo resuelve todo, la palabra evolución. Es por esto que nuestro simulador muy pronto se muestra inservible, ya que se va pareciendo más y más a un colchón viejo al que se le disparan los resortes; y no acabamos de reparar uno de ellos cuando ya se botaron dos o tres más. Aquí tenemos el señalamiento claro. Ahora le dejo a usted señor la conclusión de este asunto, juzgue usted que es el juez.

–Por lo dicho hasta aquí, doctor, la solución más práctica estaría en comprar un colchón nuevo.

–En efecto señor. Más allá de su sonrisa ha dado en el clavo. El problema fue siempre cuantos de cada especie, y en qué orden debíamos de introducirlos dentro del sistema. El problema más complejo concebible de partes y su ensamble. La única solución capaz de conservar el equilibrio sin que todo estalle o se desmorone obligándonos a recomenzar a construir el sistema es hacer lo que con todo colchón nuevo: sacarlo completo de fábrica, como sacamos todo lo complejo de nuestras industrias, como producto terminado: Hay que sacar la ecología completa de golpe. Un sistema de esta magnitud de complejidad no tiene otra solución que la inmediatez. Nunca verá usted que un avión se envíe para su diseño y producción a mil fábricas distintas porque no saldría jamás. Mucho menos que, en la medida que se pretenda hacer algo grande y complejo se apele a un número mayor de directores generales para que nunca se pongan de acuerdo entre ellos. La evolución de las especies como fenómeno puramente material estaría peor; cada especie sin siquiera un director para programarla y dirigirla. Como verá, el evolucionismo materialista es idiota.

–Le creo doctor. Mi fallo está por un solo Planificador y Director Creador: Dios. Y por cuando mucho seis días de la Creación. . . ¡Ah! Y se me olvidaba: veinte años de cárcel a su cliente por asaltar el banco ¿abogado?

Tras la carcajada vuelve a hablar el Secretario:

— Su Señoría, con mi suegro viene mi cuñada. Es monja y se ha especializado en los escritos de los místicos. Se me ocure que pudiera haber algo alusivo al tema de la Evolución de las especies que pudiera platicarnos.

–Hágala pasar señor secretario, de verdad que me siento orgulloso de mi juzgado. Después, si tuvieran la amabilidad de aceptar mi invitación los invito a todos a comer. Como charla de sobremesa podremos poner algún toque adicional que nos siga enriqueciendo a todos.

IV

3º Preguntándole al Creador.

–Pásale querida Mari, todos tenemos interés en cualquier observación del cielo sobre las tonteras de Darwin que nos quiere hacer descender del mono.

Todos se saludan, y pregunta el señor juez: ¿Sabe usted algo al respecto querida madre?

— Lo único que me viene de momento a la memoria está tomado de María Valtorta, señor juez. María Valtorta es una mística italiana excepcional traducida a todas las lenguas cultas de occidente. Es la autora de lo que en español se imprimió en once tomos como “El Hombre-Dios” y después con una mejor traducción en diez tomos más grandes con el título de “El Evangelio Como me fue Contado”. Su lectura es a tal grado sorprendente que conozco a un sacerdote que lo ha leído completo ya ocho veces, y todavía me dice que no piensa leer otra cosa en los días de su vida. Créanme, yo tampoco.

— ¿Y el asunto que nos interesa viene en “El Evangelio como me fue Contado” ?

— No señor Juez. Forma parte de revelaciones adicionales que los editores titularon “Los Cuadernos”. La cita es muy breve, pero la recuerdo de memoria por su actualidad e importancia: Dice Jesús “En relación a ese grave error que tanto daño ha causado, no sólo es imposible al chango evolucionar hasta el hombre; sino que ustedes mismos no pueden, ni con toda su tecnología, rebajar a un hombre hasta el mono. Podrán ustedes embrutecerlo, envilecerlo y dañarlo gravemente; pero jamás lo convertirán en mono, porque el mono tiene su propia perfección”.

Se hace el silencio en la sala por varios minutos, hasta que el doctor retoma la palabra como experto.

— En efecto, y ese es para mí el mayor obstáculo que enfrentan los evolucionistas; ya que en justicia no tiene Dios porqué darnos explicaciones tan obvias que no haya biólogo que desconozca la perfección no sólo del mono, o de la libélula, sino de decenas de millones de especies conocidas y clasificadas, y todas ellas perfectas. La pregunta es muy sencilla: ¿Hacia dónde, o hacia qué van a evolucionar ¡si perfectas ya son! Sí perfectas tienen que ser para existir y perpetuarse. Para nuestra sobremesa dejaré el hecho del fanatismo religioso de los judíos que son los únicos con razones para tratar de imponer su evolucionismo al mundo. El sólo hecho de la fuerza con se expone y exige creer en este ridículo absurdo de la evolución los pone en evidencia. Son ya casi ciento cincuenta años los perdidos por la ciencia tratando de encontrar evidencias a favor de Darwin y correlegionarios sin poder, obviamente, encontrar una sola. . .

— Bueno doctor, ¿no tiene hambre que podamos dejar el resto para la sobremesa? Señor secretario, así como ha tomado las minutas de todo lo que hemos visto el día de hoy, se servirá tomar las de la sobremesa para su próxima publicación en este mismo blog.

— De acuerdo, Su Señoría.

Pontificia Universidad Gregoriana de Roma

La Sobremesa

(El juez): Nos propusimos esta sobremesa para puntualizar algunos detalles sobre el fraude evolucionista. No por que quedara duda al respecto, sino por el hecho de que algo tan debatido por tantos durante tanto tiempo nos deja con curiosidad sobre ciertos detalles. ¿Está listo, señor Secretario?

Sí su señoría. Ya Martita mi secretaria tiene conectada su laptop, y supervisaré hasta el menor detalle para que no se nos pierda el mínimo pormenor de este tema tan traído y llevado.

Anote primero la ausencia del abogado, mal perdedor se ha mostrado. Igualmente, tome nota de la incorporación al grupo del padre Miguel de la Compañía de Jesús, quien se encuentra muy disgustado por el ridículo de la jesuítica Gregoriana de Roma elogiando a Darwin, y se nos ha incorporado por ello interesado en el tema como lo juzgamos. Bienvenido padre Miguel, ¿quedó al corriente durante la comida de lo que ocurrió en el juzgado el día de hoy?

Al corriente y encantado. Me parece que el enfoque del físico y biólogo doctor Projuárez, con sus modelos y simulaciones es una aportación que se hacía ya necesaria. Quisiera sólo añadir en mi papel de filósofo y matemático, que el asunto fundamental que despoja de seriedad a los evolucionistas radica en que jamás han sido capaces de aportar una causa creíble para la vida. Me explico: Decir que Dios creó, es señalar la causa de la Creación, porque Dios es capaz de crear. Dios, quien por definición es inteligencia, sabiduría y poder infinitos es, conforme a esta definición, la causa perfecta y única de cuanto existe. La mente humana a través de la historia se ha mostrado generalmente satisfecha con esta explicación.

Veamos ahora lo que ocurre cuando la quitamos:

Primero, tenemos que decir que, ya que nadie creó, entonces simplemente sucedió. Y esto es precisamente lo que dicen los evolucionistas. Decir que un temblor hizo caer la jarra que estaba al borde de la mesa parecería creíble; pero, si la jarra estaba llena de gasolina y provocó el incendio, la compañía de seguros ya no iba a aceptar llanamente que “simplemente sucedió”; y estamos hablando de un hecho sencillo a cual más. Alargar el plazo de un año a varias décadas para justificarse con más temblores no va a llenar la jarra con gasolina. Y seguimos en el terreno de lo más simple. De la misma manera un temblor que “simplemente sucedió” puede abrir una puerta. Pero si la puerta era la caja fuerte del banco con tres combinaciones, el señor juez no le iba a creer al ladrón. Si la complejidad de lo más elemental no admite un “simplemente sucedió,” resulta absolutamente increíble que lo más complejo, perfecto y bello como es la Creación entera pueda responder a un “simplemente sucedió”. La credulidad pública a la sandez pseudocientífica de la evolución de las especies certifica la tontera, y augura peores engaños a futuro para la gente superficialona y desaprensiva en general.

Segundo, si por otro lado quitamos el “simplemente sucedió” para decir que “la evolución creó”, tendríamos que la evolución es persona dotada de inteligencia y voluntad. En otras palabras, tan sólo le estarían poniendo a Dios un apodo. Evolución sería uno de tantos nombres de Dios como Señor, Creador, etc… Pero Dios Omnipotente crea instantáneamente, no hay razón para crear evolutivamente; Dios no necesita de millones de años, lo que deja a los evolucionistas con un ídolo que, por un lado, es impotente para cumplir con el plazo bíblico de los siete días de la Creación, y por otro, como ya demostró el Dr. Projuárez, con un sistema de creación inservible. Estamos por consiguiente, con Darwin, ante una idolatría tan estéril, torpe y retrograda como cualquiera de las antes conocidas. Por lo demás, ultrajar así a la omnipotencia divina es, además de idiota, el mayor perjuicio a la fe de millones al dejarnos con un “dios” tan disminuido que ha servido ya para una ciencia chatarra, y serviría tan sólo a una teología basura. En resumen: para hacer de esa limitación la principal contribución al ateísmo que subyace la teoría; y con ello dejar al pueblo, victimado por un engaño tan tonto, reducido a una fe de carcajada. Entendámonos: La evolución como teoría no puede ser causa de especies vivas, sólo podría ser causa de ajustes teóricos, pero la especie gato (como cualquier otra) es más que una teoría, y el sólo transcurrir del tiempo no puede generar ni un pelo del gato. Por consiguiente las teorías deben ajustarse a los hechos.

Pero he aquí el problema más grave que se suscita para las ciencias, y que aflora en el manejo de la teoría de Darwin: Careciendo de toda lógica, se ha usado siempre de la evolución con la lógica misma al revés volteado; se intenta hacer creer que las evidencias deben ajustarse a las teorías; de manera que todo lo que se descubra y pueda acomodarse a la teoría se acepta, lo que la contradiga se rechaza como irreal. Esto no puede llamarse ciencia sino dogmatismo; tan opuesto a la verdadera ciencia por necesidad realista antes que teórica como para seguir destrozando en pleno siglo XXI a la ciencia misma en sus cimientos. Estamos de acuerdo doctor Projuárez?

–En efecto, así es. Y permítame su Señoría que abunde en lo expresado por el padre Miguel.

–Adelante doctor.

–Los defraudadores, como bien sabe su Señoría, son un costal de mañas para sorprender a los incautos. Como primer engaño, se hace creer que existe un registro de los fósiles. ¿Y en que consiste el engaño? En que no existe tal yacimiento que comprenda todos los fósiles. Nunca se ha descubierto tal cosa, y menos ordenado por capas. Partiendo los pillos, por tanto, de la base de que la evolución es real se acomodan las evidencias de muchos yacimientos de manera que los organismos más simples se atribuyan siempre a las capas inferiores, y las especies más complejas a las superiores. Bonito arreglo pero enteramente falaz, ya que parte de la falacia expresada por el padre Miguel de ordenar, como en un solo yacimiento, lo que concuerde con la teoría, para entonces desechar todas las evidencias que la contradicen. Por otro lado, la idea concurrente a los fantasiosos millones de años jamás probados, ha sido, la en este caso válida y muy real selección natural de las especies que asegura la supervivencia de los más aptos. La selección natural no es mera teoría, es una ley universal, y por consiguiente algo perfectamente real no sólo en biología, sino también en la economía de mercado. El único problema que se presenta es que nada tiene que ver la selección natural, ni la supervivencia de los más aptos, con la supuesta evolución de una especie a otra. Me explico: La selección natural, así como su resultante la supervivencia de los más aptos, se reduce al mecanismo natural de acondicionamiento que impide la degeneración de las especies; la disminución de su perfección. Es un sistema como los que usamos para mantenernos en forma, y la economía de mercado para dejar fuera de combate a empresarios ineficientes. Como hizo notar la prensa inglesa de inmediato a Darwin: ni con una selección asistida durante siglos, además de la natural, hemos logrado jamás que un perro pase de ser un perro, o un caballo pase de ser un caballo. Los empresarios que sobreviven en la economía de mercado podrán hacerse inmensamente ricos, pero cuidado con que pudieran, apoyándose en Darwin, exigir que se les considere dioses. ¿Ven a lo que las burradas de Darwin pudieran llevarnos, y más aún, pudieran estar intentando? Pretenden los defraudadores apoyarse en un mecanismo real que podríamos calificar de control de calidad defensivo, para proyectarlo como ofensivo, hacia la invasión de especies superiores. El mono, por ejemplo, volviéndose hombre; pero además sin dejar huella, sin que hallemos entre nosotros los millones de humanoides en distintos grados de transición evolutiva entre el mono y el hombre, ni mono medianamente parlante, que pudieran confirmar de alguna forma lo que, de otra manera, además de burrada queda así como el más inepto de los mitos. Volvemos al mismo punto: todo el evolucionismo en sus variantes y salidas es una historia de mitómanos incapaz de aportar una sola evidencia de lo que afirma. No es necesario insistir que tal pretensión de ciencia es, además de dañino a la ciencia, una forma de idiotizar las mentes “infantiles” de millones de adultos. ¿Quieren que hagamos un experimento mental para demostrarlo?

–(Todos a una): Sí doctor Projuárez.

–Cierren los ojos e imaginen una bolsa vacía. Ahora imaginen que están metiendo diez monedas de diez pesos. Ya tenemos todos la imagen de una bolsa con cien pesos. Ahora, saquen ustedes ciento un pesos de esa bolsa.

–(Todos): No se puede. Imposible, solamente hay cien pesos.

–(El Juez): ¡Eso equivaldría a crear un peso de la nada!

–En efecto su Señoría. A una creación ex nihilo. Eso es lo que está detrás de la teoría de la evolución. Y no se trata en el caso de Darwin de un pesito más, sino de todo el dinero del mundo quedándose corto en comparación con todas las especies enriqueciéndose ¡precisamente ex nihilo! ¿Queda claro el daño que tal idiotez causa a la mente humana?

–(El juez): Quedó claro. Veo que el padre Miguel quiere añadir algo.

–Señor juez: La filosofía multisecular ha precisado este punto más allá de toda duda. Pero al decir, por ejemplo, que no hay hombres del tamaño de una ballena por no haber padres de ese tamaño para engendrarlo, estamos haciendo algo más interesante: estamos señalando que también toda limitación tiene, necesariamente, que tener un origen. En este ejemplo las dimensiones de los padres. Pero el mismo argumento que se aplica a las especies limitadas a ser lo que son podemos usarlo para entender mejor a Dios, porque siendo el único que no tiene orígenes, es igualmente el único que no tiene limitaciones.

–(El Secretario): ¿Todas las limitaciones tienen que tener un origen?

–(Projuárez): ¡Por supuesto, señor secretario! Como todas las cosas.

–(El jesuita): Permítame abundar en el tema señor secretario: Imaginemos una cadena colgante. Para que cuelgue, cada eslabón exige estar sujeto a otro superior como causa de su suspensión sobre el suelo. Mientras más eslabones tenga la cadena, más fuerza se requiere para sostenerla. Más, y no menos. Aplicado a los orígenes que dicen que todos tenemos un padre, mientras más padres sumemos hacia atrás mayor es el impulso vital requerido para la Creación, sobre todo hoy día que sabemos que cada ser humano es único, y no una mera réplica. No hay ni siquiera dos huellas dactilares iguales. Esta individuación implica, y demuestra ya una asignación, y un ordenamiento de cada individuo a un lugar diferente y único. Lugar que no percibimos porque la Creación nos rebasa, y sólo en el más allá tendremos el panorama completo. En ambos casos decimos que la cadena tiene que estar sujeta, y la paternidad inicialmente generada, por algo o alguien diferente. Repito: diferente. Ya no puede ser un eslabón más, o un padre más. Tendrá que ser un clavo que la fije a un muro, o un padre muy distinto en su naturaleza. Lo que ustedes quieran, pero de ninguna manera uno más. A ese Ser necesariamente distinto, diferente, lo llamamos Dios. Y la lógica es implacable: La Causa Primera es necesariamente mayor que todo lo que genera, primero, porque sólo de lo más procede lo menos como acabamos de ver en el ejemplo de los cien pesos. Segundo, por la ley de las proporciones que establece que una obra mayor requiere de un artista más grande y proporcionado a su obra; y nótese que esto es lo contrario al darwinismo que pretende que las cosas se crean solas y que los efectos son siempre superiores a las causas.

¿Puede alguien dudar que el artista es necesariamente diferente de su obra? Con esta distinción nos hacemos cargo del necio que pregunta “¿Entonces a Dios quien lo creó?” La diferencia es esa, la diferencia está en que la causa primera científica y filosóficamente hablando exige ser diferente, y en que la diferencia, necesariamente abismal, radica en no necesitar de un equivalente anterior, padre del común, eslabón, creador, o lo que sea. No solamente no requiere de limitantes, sino que cualquier limitante que quisiéramos asignarle dejaría cuanto existe sin causa suficiente, sin explicación científica o filosófica. Es por eso que el Padre de la Escolástica, San Anselmo, encapsuló su percepción de Dios en lo que otros han resumido como: Imposible que Existente Tan Grande pudiera no existir, ya que sólo de lo máximo puede proceder todo. Es redomadamente sabido que, debido a ello, los ateos atacan la existencia de Dios por medio de las fallas que ellos creen percibir en la Creación con el típico: “Si Dios existe porqué permite esto”, cuando la respuesta obvia es: “Si para quitarte lo burro Dios te obligara a pensar, según tú ya no sería bueno, porque sería un dictador”. Esta y otras variantes del “Dios no es infinitamente poderoso porque no puede crear un objeto que no pueda mover” se quedan siempre entre que Dios debió crear al hombre menos libre, o en que el culpable de los frutos de la libertad del hombre es Dios mismo ¡para una total irresponsabilidad del hombre! Debido a esto el Pecado Original es la pieza indispensable a la razón. Pieza indispensable negada por los judíos en su Talmud, con lo cual contagiaron a Mahoma y su Corán. Sólo la Iglesia, liberada de esa restricción mental por el conocimiento aceptado del Pecado Original tuvo la vitalidad intelectual para construir la Civilización Occidental que tanto nos admira. Dios Es, y Es el Infinitamente Bueno, el Infinitamente Sabio y Todopoderoso. La pregunta ahora es: ¿Podemos probarlo? Como verán, todo lo dicho nos deja con un solo problema: Demostrar científicamente que ese Poder, capaz de crearlo todo instantáneamente, existe y es descripción tangible de Dios.

(El juez): Y completando como juez, Dios permite lo que habrá de juzgar. Tiene todo el tiempo para ser paciente, porque tiene toda la eternidad para ejercer su justicia. Su posición, padre Miguel, me parece muy clara. Es exactamente lo que necesitamos para no salirnos del terreno científico. ¿Qué opina usted doctor?

Quisiera, su señoría, que el padre Miguel Saber S.J. terminara su exposición. Normalmente, el que sugiere la necesidad de una prueba lo hace porque ya dispone de ella. ¿No es así, padre Miguel?

Si Doctor, si su Señoría está de acuerdo, me gustaría añadir más al respecto.

Adelante padre Miguel.

Repasemos primero los conceptos: Encontramos curiosamente desde los antiguos, que lo que llamaban pruebas de la existencia de Dios, eran, realmente, pruebas del poder de Dios. Así, la causalidad era una exigencia que, partiendo de las limitaciones obligaba a compensar estas con la omnipotencia. Una causa primera de todo lo creado abonaba la creación entera al Creador. La otra prueba era el orden del universo, que exige, obviamente, de un Ordenador. Ambas son, si nos fijamos bien, dos pruebas-descripciones del poder de Dios como Causa Primera, o Causante de todo cuanto existe. Quiero ahora añadir la para mi más obvia: el tiempo. Y hacerlo con el título de “Por que no pueden existir las máquinas del tiempo”.

–(El Secretario): Eso sí que suena interesante, yo siempre creí que se descubrirían algún día.

–Es de lo más común en la llamada ciencia ficción, señor secretario. Eso no se puede negar. Pero fuera de la ficción el planteamiento es obvio, y la lección asombrosa. ¿Cómo viajar hacia el pasado, si el día de ayer no existe ya? ¿Podemos viajar hacia la nada señor secretario?

–Bueno, pero todos lo recordamos.

–Precisamente, señor secretario. ¿Recuerda usted haber cometido algún error el día de ayer?

–Nada grave, pero sí disgusté al juez.

–¿Qué le parece si vamos al día de ayer y corregimos su error antes de que se dé cuenta?

–¿Y cómo haríamos eso?

–Trayendo ayer al día de hoy.

–¡Pero eso es imposible!

–¡No más que llevar el día de hoy al día de ayer!¿Qué le parece si vamos a consultar los periódicos del sábado para averiguar el número que se sacó el gordo, y vamos a comprarlo antes de que nos lo ganen?

–(El doctor): Me parece que a lo que va, padre Miguel, es a señalar que sólo el hoy tiene existencia real.

–Exactamente doctor. Piense ahora en la lógica, y en las consecuencias. Y déjeme decirle que hoy tenemos que cambiarlo por instante. Sólo el instante fija el presente, y el instante pretérito y el futuro lo hoy inexistente. El pasado se fue y el futuro no ha llegado. La causa del tiempo es lo que nos interesa ahora. ¿Por qué existió el día de ayer y ahora dejó de existir? ¿Por qué tiene que dejar de existir el día de hoy para dar lugar a mañana? Podemos de hecho vislumbrar una exigencia de tipo económico, y la eliminación de lo inútil.

–(El secretario): Esto ya se puso más interesante.

–(El juez): Se da usted cuenta padre, que ese aparecer y desaparecer habría que aplicarlo al universo entero?

–(el doctor): La física moderna busca, tiempo ha, no sólo la partícula más pequeña, sino también la fracción más pequeña en que pueda dividirse el tiempo. Ya ha recibido nombre: instantón, que sería al tiempo lo que el átomo a la materia. Lo que el padre Miguel ha expuesto da un sentido más apremiante y realista a esa búsqueda. La materia, en su concepción de continuo imperecedero desaparece. Ya no podríamos hablar de que Dios creó, como pretérito, todas las cosas; ni siquiera de que, meramente, las conserva en existencia. A lo que da lugar lo dicho es a que Dios crea incesantemente lo que sólo existe por un instante; y lo crea instante tras instante. Incluyendo, obviamente, la continuidad que llamamos tiempo. ¿Es esto así, padre Miguel?

–Sí doctor, exactamente así. Por eso aproveché un momento anterior para hablar de la Omnipotencia Divina. Sólo Dios es infinito en su poder, y esto sólo puede explicarse por existir sin tener origen que lo limite. En otras palabras: Omnipotente y Eterno son sinónimos en la simplicidad absoluta del único Ser que es Acto Puro, el único en quien no hay mezcla de potencia alguna: Dios es simplísimo. Lo compuesto de acto y potencia que observamos en todas las cosas creadas por Él es lo que nos limita. Todos los aquí presentes hace cien años existíamos en potencia, éramos seres posibles; limitación que desapareció cuando fuimos engendrados. Su señoría a los siete años fue abogado y otras cosas en potencia, y hoy en potencia presidente de la Suprema Corte. Como vemos, la parte que somos sólo en potencia dice dos cosas: lo que no somos pero podemos ser. En Dios no hay mezcla de potencia alguna, por el contrario, Es infinitamente Dios; el que necesariamente tiene que estar en acto en todas las cosas para que estas puedan existir. El las conduce de la potencia al acto de ser. Dios está necesariamente en todas las cosas como el uno está necesariamente en todos los números. De esta manera se identificó Dios cuando dijo a Moisés: “Di al pueblo de Israel: YO SOY me envía a ustedes” (Exodo 3:14). Y a la humanidad: “Antes de que Abraham fuera YO SOY” (Juan 8:58). No existe otra definición que pueda describirlo científicamente. Sólo ÉL ES. Todo el universo y cuanto pueda llegar a existir tiene necesidad de ÉL para poder ser. Para poder tener lugar: un dónde, cuándo y cómo existir. San Pablo lo repite en su discurso en el Areópago de Atenas: “El Señor Dios, en quien vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17-28). Y en las apariciones guadalupanas: “Sabe, y ten entendido hijo mío, que soy la verdadera madre de Dios por quien se vive”. Como vemos, el Cielo va directo a lo que la filosofía sólo encuentra con rodeos. Obviamente, ser Madre de Dios se refiere a la Encarnación del Verbo.

–(La monja): ¿Tiene otras citas relevantes de la Sagrada Escritura, padre Miguel?

–Por supuesto madre. Recuerde este pasaje del libro de Josué 10:12-14: “Entonces habló Josué a Yahveh, el día que Yahveh entregó al amorreo en manos de los israelitas, a los ojos de Israel y dijo: «Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayyalón.» Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro del Justo el sol se paró en medio del cielo y no tuvo prisa en ponerse como un día entero? No hubo día semejante ni antes ni después, en que obedeciera Yahveh a la voz de un hombre. Es que Yahveh combatía por Israel”. ¿Cuántas veces no hemos oído “esas son meras formas de hablar ¡imagínense el casos cósmico que se crearía de ser literalmente cierto!” Los necios que tal dicen creen que el universo es como una máquina gigantesca que está siempre allí, existiendo independientemente de la voluntad de Dios. La ciencia humana, al no tener mucha idea del tiempo se mueve en el ridículo. Lo que ya no es posible ni imaginar siquiera, es que estuviera allí ¡pero con todos sus ayeres pegados para poder viajar hacia ellos! Recuerde igualmente, madre Mari, este otro pasaje de Isaías 38:4-8: “Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra de Yahveh para el rey, diciendo: «Vete y di a Ezequías: Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la Casa de Yahveh. Añadiré quince años a tus días. Te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.». . . Isaías respondió: «Esta será para ti de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh hará lo que ha dicho. He aquí que voy a hacer que la sombra del sol retroceda las diez líneas que ha bajado en el reloj de Acaz. Y retrocedió el sol por las diez líneas que había bajado”.

En el primer caso el sol quedó paralizado en el cielo; en el segundo más alarmante para los incrédulos ¡el sol retrocedió en el cielo parte del camino andado! Ambos casos implican un parón, y un parón con reversa en el giro de la tierra para el segundo caso, lo que habría sido sobre la corteza terrestre un frenón a la velocidad de más de 1600 Kms por hora a cero de golpe; y en el segundo caso con retroceso de golpe. Increíble de no ser por la Omnipotencia sustituyendo nuevos enmarcamientos temporales por los usuales, lo que dejaría fuera la inercia para que los habitantes de la superficie en vez de salir volando ni lo notaran.

–(El doctor, pensativo): Dejar fuera la inercia… Me sorprende, padre Miguel. No sólo está usted contribuyendo una teoría científicamente válida, sino que la está avalando con la Sagrada Escritura. Y sabemos todos que lo que digo va a recibir el más fanático rechazo de aquellos que, para dejar a la ciencia en la impotencia actual niegan a Dios.

–(El secretario): Pero doctor, ¿impotencia actual de la ciencia? Pero si todos los días lo que nos maravilla con sus descubrimientos es la ciencia. ¿Cómo se atreve a tildarla de impotente?

–Hará casi veinte años, señor secretario, tuvo lugar un hecho que se hizo famoso en el mundo de la física. Una eminencia mundial dictó una conferencia en UCLA, al final de la cual se levantó un físico y le dijo: Doctor, sólo quiero que me diga dos cosas, qué es la inercia, y qué es la gravedad. Tras pensarlo un momento el conferencista respondió: Mire, lo que son lo ignoro; ah, ¡pero le puedo decir lo que hacen! A lo que burlonamente respondió el interrogante: Pero doctor, eso no es ciencia, ¡eso es tecnología! La carcajada generalizada hizo época, y sigue siendo tan embarazosa para la física de hoy como lo fue hace veinte años. Los descubrimientos a que se refiere el señor secretario son tecnología que evoluciona, pero aún no sabemos con certeza que es la gravedad, ni qué es la inercia, ni muchas otras cosas. Sabemos, aún en el terreno de la tecnología como funciona una computadora, pero no tenemos la menor idea de cómo puede la mente elucubrar nuevas ideas. Resumiendo: Podemos seguir mejorando las comunicaciones que han sido el fundamento de todo el desarrollo tecnológico e industrial, aumentando la velocidad y reduciendo el tamaño y los costos. Pero ciencia es lo contrario a destruir la tierra con contaminación y bombas nucleares mientras violamos todas las leyes de la Creación. El conferencista que sólo pudo responder “pero le puedo decir lo que hacen”, debe haber quedado muy agradecido de que no le preguntaran: Oiga, ¿por qué hacen todo lo que hacen?

–(El Juez): En donde sí parece haber problema, es en introducir la omnipotencia directa, a Dios mismo, en un ambiente que para progresar se ha restringido a relaciones causales puramente materiales doctor.

–Sin duda alguna, señor juez. ¿Qué solución se le ocurre padre Miguel?

–Hacer notar a los hombres de ciencia como usted doctor, la imposibilidad de entender nada de las ciencias sin esa “omnipotencia directa” que menciona el señor juez Fernández.

–(El Juez): Adelante, padre Miguel, tiene toda nuestra atención.

–Nada hay más extraordinario que la Creación. Volver a ella, por tanto, es más garantía de interesar que repetición. El enfoque que daré es ahora uno que inició matemático y terminó en juguetería. Y creo que nos alegraremos todos con su sencillez final, porque matemáticos aquí hay pocos.

La burrada de la evolución tenía, tarde que temprano, que topar con su némesis numérica. Recordemos que el paso de la filosofía a la ciencia se dio por la precisión del número en la corroboración por el experimento. Fue Galileo Galilei. Y que divertida se habría puesto Galileo desayunándose a Darwin entre carcajadas. Pero lo que no le tocó a Galileo le tocó a Charles-Eugène Guye.

–(El secretario): ¿Y ese quién es?

–Un físico suizo, señor secretario. Primero les diré lo que hizo, y luego les completaré los datos. ¿Qué les parece?

–(Todos): Adelante.

–Vamos a hacer otro experimento mental. ¿Están listos?

–(Todos): Sí.

–Imaginemos un tubito de cristal transparente; como una cerbatana, pero muy largo, en el cual vamos a meter mil bolitas blancas seguidas de mil bolitas negras. Todas ajustan con precisión, de manera que no hay forma de que se mezclen. Las blancas seguirán del lado blanco y las negras del negro. Como paso siguiente ponemos un tapón en el lado que quedará abajo para que no se salgan. En el lado de arriba colocamos una retorta de cristal para que, al voltear el aparato, caigan en la retorta las dos mil bolitas.

El paso siguiente es, precisamente, voltear el aparato. Ahora comenzamos la segunda etapa del experimento: Agitamos y volteamos el aparto para que las bolitas vuelvan a entrar en el tubito de cristal; y repetiremos una y otra vez, hasta que logremos que queden separadas totalmente, como al principio, las negras de las blancas. ¿Saben cuándo vamos a lograrlo?

–(Todos): ¡Nunca!

–¡Exactamente! ¡Nunca! Ahora les voy a explicar de lo que se trata. Los orígenes de la vida están sujetos a tan solo dos causas posibles: Dios Creador, y para los evolucionistas el azar. A nadie se le ha ocurrido alguna otra causa posible. Charles-Eugène Guye se propuso aplicar las matemáticas al caso, y el componente más sencillo de la vida es la molécula de proteína. Demos una idea: En la cabeza de un alfiler caben unas diez mil células promedio, y cada célula tiene unas 30,000 moléculas de proteína, eso significa que trescientos millones de moléculas de proteína caben en la cabeza de un alfiler. A pesar de ser tan pequeñas, cada molécula es un prodigio arquitectónico de estructuración atómica. Cada molécula requiere de un mínimo de cuatro a cinco elementos, pero Guye cayó en cuenta de que bastaba con dos para demostrar, matemáticamente, la imposibilidad de que una sola molécula apareciera por azar. De ahí que hayamos usado solo blancas y negras para representar dos tipos de átomos, o átomos de tan solo dos elementos.

Como es obvio, ni la división tajante en blancas y negras, ni el gris de la mezcla representan una estructura molecular; pero lo sorprendente de la vida es su asimetría. La separación total inicial en blancas y negras, 100% asimétrica, no difiere para el cálculo del lugar de donde las sacamos. Sacar una bolita de la bolsa de las blancas tiene siempre una probabilidad de uno: cada vez que saquemos una esta será blanca. Lo mismo ocurrirá con la bolsa de las negras. La probabilidad de sacar una negra será siempre de uno. Pero ya mezcladas en la retorta la probabilidad de sacar una blanca será la misma que la de sacar una negra, es decir del 50%, o de 1/2 para cada caso. Las moléculas de proteína tienen una asimetría de 0.9, se acercan enormemente a la disposición inicial, a una separación casi total. Regresarlas de su simetría de 0.5 hasta su asimetría de 0.9 es el reto real. Baste decir que los resultados numéricos de la improbabilidad de que se dé una sola molécula de tan sólo dos átomos por azar ya la experimentaron, mentalmente, ustedes.

Si quieren una analogía válida, podemos tomar el universo entero con sus cientos de miles de millones de galaxias, con sus cientos de miles de millones de estrellas cada galaxia ,y sumar todos sus átomos. La cifra cosmológica estimada es de 10 elevado a la octogésima novena potencia. Un uno con 89 ceros a la derecha nos da el estimado de todos los protones existentes en el universo visible con los más modernos telescopios. Añadir un solo cero para pasar de diez a la octogésima novena, a diez a la nonagésima ¡equivaldría a multiplicar el universo entero por diez! Ahora bien, todos sabemos que el número cero equivale a nada a menos que esté a la derecha de un número y a la izquierda del punto decimal, ¿verdad?

–(Todos): ¡Sí!

–¿Y estamos de acuerdo en que cero centavos de adeudo no dan lugar a que añadamos un lugar más para andar hurgando en las décimas de centavo?

–(Todos): Sí… ¡por supuesto!

–(El jesuita): Pues fíjense ustedes que, afortunadamente para la teoría de probabilidades, el equivalente a la nada exige una precisión mayor. De esta manera, Guye calculó la probabilidad de que se diera el orden de una sola molécula de proteína como fruto del azar en cero, punto, 160 ceros y un uno. Vamos a bajar este cálculo a la realidad: Si el universo suma un total de 10 elevado a la 89 protones podemos estimar la certeza de dar con una molécula de proteína reduciéndose, del tamaño del universo, hasta el tamaño de un protón como de 160 – 89 = 71. Tan improbable como diez elevado a la menos 71. Tan improbable, todavía, como cero, punto, y setenta y un ceros antes de la primera cifra. Es más probable, pero como vemos casi igualmente inútil. Todavía tenemos que dividir un solo protón entre diez setenta y un veces, una tras otra, para tener un estimado final de dicha improbabilidad comprando el tamaño final con el tamaño del universo entero. Y estamos hablando de una sola molécula de proteína ¡de las que cabrían trescientos millones en la cabeza de un alfiler! Para que tan solo dos de las 300,000,000 que caben en la cabeza de un alfiler se dieran simultáneamente, tendríamos que sumar los exponentes negativos de diez: (-160) + (-160) = -320 como exponente de diez: Cero, punto, trescientos veinte ceros antes de la primera cifra. Como vemos, hemos dejado muy, pero muy atrás el concepto de cifras astronómicas. ¿A qué conclusión llegamos señor juez?

–(El Juez): A que la necesidad de Dios, el poder de Dios, y la indispensable presencia de Dios gracias a las ciencias modernas rebasa infinitamente lo que imaginaron los antiguos. Así como usted lo explica ¡Dios lo es todo desde antes y como prerrequisito del orden más ínfimo! Del orden exigido por una sola molécula de proteína.

–(La monja): Lo que no acabo de entender es lo de la agitación. ¿Por qué tener que agitar y de donde salió la idea?

–(El Doctor): Recuerde usted, madre Mari, que la alternativa materialista pretende partir del azar. ¿No sé si alguna vez presenció un juego de dados con cubilete? Se agitan los dados para partir siempre del azar y se arrojan para ver que sale. Esta misma idea es la de los materialistas partiendo de la agitación calórica de una tierra candente, antes de que iniciara la vida.

–(La monja): En ese caso, doctor, entiendo todavía menos. ¿Qué acaso el calor no destruye la vida? Yo pongo a hervir el agua en mi convento para matar todos los microbios.

–(El jesuita): Está usted muy atinada, querida madre. En efecto, es otra de las chambonadas de los materialistas con sus idioteces que no acaban de ajustar con nada en sentido alguno.

–(El Secretario): Ahora entiendo por qué los evolucionistas comienzan siempre sus discusiones a la mitad del camino, con especies de vida ya avanzadas.

–(El Doctor): Se me ocurre, padre Miguel, que existe un remate más contundente todavía, partiendo de lo ya dicho contra el argumento de extender los años para que la evolución tuviera la menor probabilidad de realización. ¿Me permite un experimento mental siguiendo sus lineamientos?

–(El jesuita): Adelante, doctor.

–(Projuárez): ¿Todos listos?

–(Todos): Sí.

–El objetivo del experimento es muy sencillo: comparar lo que toma construir, con lo que toma destruir. Ya lo vimos de hecho, lo que tomó montar el aparato. Lo que tomó contar y sacar mil bolitas blancas de la bolsa de las blancas, y mil negras de la bolsa de las negras. El tiempo y esfuerzo que tomo entubarlas por separado, poner un tapón de un lado y una retorta transparente del otro. Y después voltear el aparato para que por ese sólo hecho el orden quedara totalmente destruido. Irremediablemente destruido. Hagamos ahora mentalmente el esfuerzo de volver a separar de las dos mil mezcladas, las blancas por un lado y las negras por otro para repetir el experimento. ¿Cómo lo ven? Ya no estamos partiendo del imposible del mero azar, ni de la mezcla homogénea color gris; y sin embargo, todas las veces que repitamos esta evolución super asistida los resultados serán igualmente inútiles. ¿Ganamos algo con prolongar el tiempo, o ha quedado en claro que a mayor tiempo más veces se repetirá la destrucción sin posibilidad alguna de construcción?

–(El Juez): Creo que el delito de fraude no deja lugar a dudas por cualquier lado que se le vea. Los daños de presentar tamaña estupidez como ciencia rebasa lo concebible. Han forzado gracias al monopolio del poder, del dinero y de los medios de difusión a la pérdida de más de un siglo y medio para el desarrollo humano de las ciencias. Todos los calificativos más reprobables del idioma se quedan cortos.

–(El secretario): Si se me permite, señor juez. . .

–¿De qué se trata, señor secretario?

–Siempre me apasioné con las máquinas del tiempo. . .

–(El juez): El asunto para mí quedó resuelto con la observación de que el universo entero no puede encolar todos los instantes del pasado para que pudiéramos viajar a ellos. ¿Se imagina usted el universo entero multiplicado por su equivalente por todos los instantes que han transcurrido señor secretario? ¿La masa entera de cientos de miles de millones de galaxias con cientos de miles de millones de estrellas subsistiendo por cada instante transcurrido como réplica siempre creciente de sí mismo para que pudiera usted trasladarse a ellos? Y luego los viajes al futuro, multiplicando el universo entero por cada instante a futuro. . .

–(Projuárez): Yo que usted, señor secretario, mejor daría gracias de que ello sea imposible. Imagínese que alguien toma una máquina del tiempo para cambiar algo de la historia de México. El cambio condujo a que su padre y su madre no se conocieran oportunamente para transmitirle la vida. ¡Sería asombroso verle desaparecer de nuestra vista de golpe, señor secretario! Le garantizo que de ser eso algún día posible, ¡esas vistosísimas desapariciones se estarían dando a cada rato en el mundo entero!

–(El jesuita): ¿Qué le parece si volviendo al tema, acordamos, señor juez, con la lección final en sus propios terrenos, los jurídicos que sabemos se han desprendido siempre del orden moral?

–Adelante padre Miguel.

–Todo este experimento con las bolitas no solo exorciza las teorías darwinistas de la ciencia, nos da algo más: una preciosa parábola del orden moral. La ética requiere siempre no menos que las ciencias del esfuerzo individual y colectivo. Más aplicación se requiere para educar a un niño, para hacer de un joven un adulto de provecho que para montar un experimento; pero destruir una vida es tan simple como poner el aparato de cabeza, y los jueces como usted, y los sacerdotes como yo sabemos todo al respecto. Un momentáneo desbordar de las pasiones y tenemos honras y vidas destruidas. Un tolerar de más, una simple desobediencia y hay tragedia a la puerta. Por algo dice la Sagrada Escritura que el que escatima de la vara con su hijo lo odia.

–(El juez): Sí padre. Y no solo en el juzgado o en el confesionario. La prensa reporta continuamente la tragedia de un descuido, o varias muertes por el alcohol y, o, las drogas. Sabemos bien lo que la cárcel hace a aquel que creyó en la impunidad; y usted, ciertamente, querrá enfatizar que el infierno está sin tocar para los que temieron a Dios, y repleto por el contrario de los que se reían de su existencia como castigo tremendo y definitivo. Sí, nadie está en mayor peligro de ir a la cárcel que quien no teme a la justicia, y dirá usted, del infierno que quien afirma que el infierno eterno no existe.

–Más interesante todavía, señor juez, sería comparar la evolución del mal. Ciertamente sabemos que los peores delitos no parten de la nada. Su llegada se ve anunciada por violaciones cada vez más graves a la ley moral, y en muchos casos a la ley penal. Aquí sí la evolución es término apropiado. Mi función sacerdotal me facilita más por el confesionario percibir el peligro para un alma, que a un operador de radar ver un peligro en sus pantallas del aeropuerto.

–¿Hay alguna metodología aplicable para discernir el peligro, padre Miguel?

–Sí que la hay, por supuesto. La sabiduría tradicional de la Iglesia nos habla de los tres enemigos del alma: El Demonio, el mundo y la carne. Estas tres cosas tienen voluntad propia, contraria a la voluntad de Dios, y procuran siempre nuestra alianza en contra suya. Cada uno de estos tres enemigos nos dan el equivalente a poner el aparato de cabeza para destruir el orden si no tomamos precauciones. Al mundo de hoy, habiendo idolatrado la carne, le falta casi nada para adorar públicamente al Diablo. Los diez mandamientos del orden mínimo a respetar en todos los casos fueron superados por el mandamiento del amor. Este último nos habla del mayor de los peligros: la tibieza. La tibieza es el pecado contra el amor y la causa de la ruina actual de la Iglesia, de su apostasía. De ahí sobrevino la relativización de los mandamientos, de los dogmas, y la pérdida de la autoridad; y con ello del orden. Jesucristo N.S. es tajante: “Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.” (Apoc 3:16). Esta es la falta más grave que puede cometer un cristiano, precisamente porque el primer mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu corazón”. El amor que a Dios debemos es el más ardiente de los amores. Los clérigos en el infierno han sido tibios, han permitido primero que el amor de Dios se confunda con el amor al prójimo, para luego dar más importancia al amor al prójimo que al amor a Dios. ¿Tiene algo de extraño que terminen idolatrando el sexo? Voy ahora a su pregunta: El mal es, precisamente, este tipo de desorden; y su análisis se facilita cuando recurrimos a los peores pecados, aquellos que desde el Antiguo Testamento eran sancionados con pena de muerte.

–(El doctor): Sin embargo, el aborto intencional no aparece entre ellos.

–La razón es muy sencilla doctor: Todo el pueblo judío tenía una razón suprema para existir, la esperanza puesta en un nacimiento, el nacimiento del Mesías. Como usted comprende, eso hacía innecesario prohibir el feticidio, dado que el Mesías era irreconocible en su estado de gestación. No podía, en este esquema, haber otra cosa que el mayor respeto por la vida fetal. Es por ello que el único caso que aparece en el Antiguo Testamento de una mujer que aborta por un golpe debido a una riña entre dos hombres, obliga al causante a pagar una indemnización al marido. Pero si la mujer también muere, en ese caso el causante debe morir también. La diferencia no pretende, como afirman los rabinos, tasar el valor de la vida de la mujer en relación a la vida del feto, sino la intencionalidad del agresor. Un accidente es una cosa, la intención de dar muerte al feto al grado de matar a la madre ya no es cuestión accidental. Contra los rabinos: si el nonato valiera tan poco, el Mesías tenía que valer lo mismo.

–(El juez): Háblenos del incesto, padre. Pésimas cosas se han visto en la televisión.

–En efecto, se han llegado a ver telenovelas con escenas crudas de violación de una hermana por su hermano. Pero no es necesario llegar al extremo de la violación. Partamos del hecho de que la sexualidad es algo mucho más trascendental que un placer momentáneo. Los reyes, y todos los poderosos han establecido alianzas uniendo en matrimonio, unión carnal, a hijos con hijas por conveniencia; y es tan fuerte está unión que el matrimonio es un símil para representar la unión de Cristo con su Iglesia, y se le considera suficiente para establecer un enlace de por vida; indisoluble, inatacable, y permanente. ¿Qué nos muestra la experiencia de la inicua unión sexual que llega a darse entre hermano y hermana? Precisamente una sólida alianza, pero con el Diablo. Culpables, se ocultan de los padres que son ya el enemigo natural de la unión incestuosa que se conserva en secreto, y que los lleva a menospreciar y conspirar contra sus padres; en algún momento a despojarlos de sus bienes, a exigirles sin medida ni consideración; a abandonarlos finalmente, y en ciertos casos a matarlos. Nada hay que pueda abestiar al hombre con tanta eficacia como el instinto sexual. Entre los judíos el Talmud acepta este tipo de satisfacción mutua entre la madre y el hijo de menos de ocho años, lo que condujo a Elizabeth Dilling como crítica estudiosa del Talmud a referirse horrorizada a la “sucia madre” (The foul mother) judía. La forma en que el sexo entra como cuña desde temprana edad para corromper al hombre hasta el extremo queda exhibida por los anticonceptivos y el aborto, y finalmente en la sodomía. El uso de un anticonceptivo nos presenta con la elección de cinco minutos de placer valorados por encima de toda una vida humana. ¿Cómo extrañarse del satanismo subsiguiente en el aborto, parricidios y joterías?

–(El Juez): Si, padre Miguel. Lo sabemos. La mejor forma de hundir a un pueblo; de despojarlo de su dignidad para poder esclavizarlo está en lo que hoy propician todas las fuerzas políticas liberalizando el desenfreno sexual al extremo de promover el aborto y las sodomías. Pobre del pueblo que, carente de conciencias cívicas, no se oponga con toda su alma. Terminará en basura, y sólo tendrá criminales abestiados y ríos de sangre que presumir ante el mundo. Estas son las consecuencias finales de la pseudo ciencia talmúdica de Darwin, Marx y Freud.

–(El jesuita): Caigamos en cuenta, sobre todo, en la precisión del Evangelio. No hay exageración alguna –ya que exagerar es una forma de mentir– en la admonición del Señor: “El que mira con malos deseos a una mujer ya cometió con ella adulterio en su corazón”. Con una sola mirada se logran dos cosas gravísimas: reducir la dignidad de una mujer a mero objeto sexual, y dar entrada a un vicio, el vicio sexual que es zaguán abierto a los demás vicios. Una sola mirada basta para poner de cabeza al aparato y destruir el orden; y en la afición al desorden hacerlo de manera en muchos casos irremediablemente irreversible. “Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir al infierno, al fuego que no se apaga”. (Mateo 5:28-30; Marcos 9:43-47). Es siempre de llamar la atención que los que relativizan estas admoniciones son los falsos maestros que igual niegan el infierno. Es obvio, y debiera serlo a los traidores, a los Judas Iscariotes que abundan hoy entre el clero, que de no haber infierno Cristo estaría haciendo el ridículo por dejarse crucificar. ¡Así de grave! ¿Para salvarnos de qué iba a padecer tanto? De no existir la tremenda Justicia de un Dios ultrajado, el bueno sería el que todo nos lo quiere permitir, el Diablo; y el malo sería el que nos da las prohibiciones. Como es obvio, para nosotros los cristianos son los judíos los que ponen el aparato de cabeza con su Talmud; como para ellos somos nosotros con nuestra moral intransigente. Pero nuestro Dios exige conforme a Su perfección la rectitud; y el de ellos en su Talmud en nada se diferencia del Diablo. Al Talmud como prueba me remito: www.comeandhear.com

–(El juez): Me parece, padre Miguel, que habiendo comenzado todo con el Pecado Original tendrá usted, en la próxima sobremesa que darnos una buena instrucción sobre ello. ¿Podemos fijarle fecha?

–Será un placer. ¿Le parece bien este mismo lugar y a la misma hora dentro de una semana?

–Acordado. Tome nota de los asistentes interesados señor secretario.

Presentando a Charles-Eugène Guye

25 abril, 2010

La sencillez hecha experimento nos dice sobre Dios maravillas; y Charles-Eugène Guye, físico, (San Cristóbal, Suiza,1866 – +Ginebra, 1942) fue su primer artífice. Aquí lo vemos —abajo, el tercero de la derecha en Solvay, 1927— en una de las fotografías más famosas de todos los tiempos: la más impresionante colección de talento científico que posara para el fotógrafo. Entre otros están los fundadores de la física cuántica y el relativista más famoso: Max Plank, H. Lorenz, Madame Curie, Shroedinger, Heisenberg, Dirac, Einstein, Niels Bohr, W. Pauli… Y Guye.

Guye, famoso por haber sido el primero en demostrar el incremento de la masa con la velocidad merece una fama mucho mayor ―que el futuro sin duda alguna habrá de otorgarle― por haber ideado un experimento de simplicidad infantil. Un experimento mental que se encuentra descrito abajo, en Presentando a Darwin ante el Juez; La Sobremesa siguiendo los lineamientos de Pierre Lecomte du Noüy en su famoso “bestseller” de 1948: “El Destino Humano”.

I

El genio requiere elementos, y para fortuna de Guye todos estaban dados: un conocimiento adecuado del átomo y de la composición atómica de la materia; de la composición atómica de las células vivas y de las moléculas. La teoría de la probabilidad existía ya desde Pascal, y oportunamente para sus necesidades la mecánica cuántica; además, por supuesto, del irritante para cualquier ser pensante como él: la ridícula teoría de Darwin tenía ya más de 80 años.

Después de adentrarse en “Ríete de Darwin-  Presentando a Darwwin ante el Juez”, no le cabrá duda de que no puede haber milagro mayor que el orden que nos rodea. El mayor de los milagros se llama: ORDEN.

Para contrarrestar, si posible fuera, hubo quien escribió un libro sobre el orden en el universo que tituló “El Relojero Ciego”. Le presentaron un segundo reloj; pero él, fanático, se quedó incólume. Después le trajeron un tercero, y un cuarto… pero él seguía CREYENDO. En un acto desesperado hubo quien pretendió HACERLE VER que para hacer un reloj, además de ojos, se requerían ideas, y manos. ¡Todo inútil! R. Dawkins, como verdadero hombre de fe en lo que él llamaba evolucionismo, insistía inquebrantable en sus creencias afirmando abiertamente su convicción de ser tan sólo un NO CREYENTE, un hombre de ciencia dado a toda INCREDULIDAD, repudiando toda CREENCIA religiosa, y tan sólo dado a alargar las eras, y los años por millones, cuantos fueren necesarios, para hacer que aparecieran los relojes, y los seres todos, y las cosas todas…

Las Teorías, como las idioteces, no presentan problema en sí; el problema está en encontrarles su lugar como tales.

II

El orden es más que un milagro, es presencia de Dios

…con el fin de que buscasen la divinidad,
para ver si a tientas la buscaban y la hallaban;
por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros;
pues en Él vivimos, nos movemos y existimos.
(Hechos de los Apóstoles. 17:27-28)

A la luz de Presentando a Darwin ante el Juez, el viejo decir de que no cae la hoja de un árbol sin la voluntad de Dios se queda corto. ¡Pero muy corto! Si la aparición de una sola molécula se ve imposible sin la voluntad de Dios, ¿de dónde iba no digamos ya a caer, sino sólo a aparecer toda una hoja entera? Porque en Él tiene también la hoja que vivir, como caer, como existir.

 

Cuando Dios dio a Moisés Su Nombre como «YO SOY», implicó «SÓLO YO, nada ni nadie más puede EXISTIR SIN MÍ». La existencia es SU EXCLUSIVA. Recordemos Sus palabras: «YO SOY QUIEN SOY: Así dirás a los hijos de Israel: EL QUE ES me envía a ustedes». Y mejor que nunca ahora, gracias a Guye, podemos constatar y hasta entender, porqué nada puede existir sin Él. Tenemos que aceptar que sólo ÉL existe. Y entender el porqué sólo Él puede comunicar Su Orden y con ello su existir para que TODO pueda ser en Él, con existencia participativa de la única Existencia, su Existencia. La Suya. No hay salida al más fundamental de los hechos.

Cuando alguien te pida que le demuestres la existencia de Dios, pídele que te demuestre la suya sin Él. ¿Porque en dónde estaba cualquiera hace tan sólo 100 años? ¿Y dónde estará dentro de 100? ¿Y a eso le llaman existir? ¡Empeña tu palabra de que estarás vivo dentro de cinco minutos! No puedes, ¿y a eso le quieres llamar existir? Prolonga tu vida ante la muerte irremediable ¿Y a eso le llamarás existir? Ni te llamaste a la existencia ni te pertenece, pertenece sólo a su Dueño, ¡y visto está que no eres tú!

III

Y la ciencia te dirige a Él también por medio de otro concepto, el de la energía.

Y el de una energía infinita. Del gran físico Richard Feynman extraigo un párrafo, dice: «Para dar una idea de cuanto más fuerte es la electricidad que la gravedad, considere dos granos de arena en una playa, de un milímetro de diámetro cada uno, y separados a treinta metros de distancia. Si la fuerza entre ellos no estuviera equilibrada, si todo atrajera a todo en vez de que signos iguales se rechazaran, de manera que no hubiera cancelaciones, ¿qué tanta fuerza habría? Habría una fuerza de tres millones de toneladas entre ambos.»

También los explosivos modernos nos enseñan, son devastadores, y su energía es liberada por un mero rearreglo de sus electrones. ¿Y las bombas nucleares? Liberan su energía con un mero rearreglo de nucleones. Así tambien nos da la ciencia un atisbo práctico del poder de Aquél por Quién vivimos, en Quién vivimos, nos movemos y somos.

IV

¿Cuando había usted escuchado todo esto?

La verdadera ciencia nos la esconden, porque “La verdad os hará libres” (Sn Juan 8:32) y la mentira esclavos. La verdad ha sido y será siempre católica, y como lo dice la Biblia que establece: Que el hombre fue creado PERFECTO (como que Dios es un Creador Perfecto y nos creó a ‘Su Imagen’); que HUBO LO CONTRARIO a la evolución: LA CAÍDA en naturaleza y gracia por el pecado original: “La Escritura no puede fallar” (Sn Juan 10:35) Es por ello que ningun papa, ningún concilio, ninguna secta puede cambiar LA ESCRITURA. Piense… ¿A que verdad tendrán derecho los descendientes del mono? LA DICTADURA, LA TIRANÍA SE ABRE PASO POR LA MENTIRA, SE APUNTALA Y SE CONFIRMA EN LA MENTIRA. Proviene de los hijos del Diablo (Juan 8:44) COMO TODAS LAS SECTAS –¿Quién les abrió la puerta?

«…pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles.                                                                                               No sea que os encontréis luchando contra Dios.»                                                                                                  Y aceptaron su parecer. (Hechos 5:39)

Pero tristemente para ellos fue la única vez.

Las consecuencias de esto son simplemente absolutas, ¡y que gran don es el santo temor de Dios!

Rechazamos a Dios con la herejía (rechazo a la verdad) y el pecado, y éste tendrá siempre consecuencias tan serias como ya lo manifestó el Diluvio Universal. Recordemos la suerte de Sodoma y Gomorra, y entenderemos porqué los promotores de los vicios rechazan la verdadera ciencia como rechazan la verdadera fe, y queda en claro la razón del escondrijo de los promotores de los vicios en la falsa ciencia y en las sectas, y el odio a Dios a quien por preferir el vicio se teme sin quererlo amar.

Del rechazo de los judíos a Cristo y al evangelio que los condenó, y del cumplimiento de la sentencia en el año 70 con la destrucción de Jerusalén y del Templo habla la historia. Rematados de nuevo el 135 de nuestra era por los ejércitos de Roma han dejado en claro que donde no ha habido conversión se ha desatado el odio, sin otra alternativa que la destrucción, y todas las pruebas históricas del castigo pasado están como recordatorio en su lugar histórico, indudable, alertándonos en el presente sobre lo que ya nos merecemos con creces.

El Apocalipsis habla del destino de la Gran Babilonia, así llamada por el Talmud de Babilonia que lo rige en su rechazo a Cristo. La Gran Ramera situada sobre muchas aguas, las naciones, señalando lo que se avecina por la continua judaización del mundo, con su materialismo, vicio despiadado, falsa ciencia y sectas. ¡Como que por todos los medios se sigue promoviendo el pecado!

¡Que absurda ‘ democracia’ la que tiene al pecado por rey, y por emperador al vicio!

Basta con que El Dador de cuanto existe se aparte un poco y sobrevendrán todos los males, como cuando nos apartamos de Él y tenemos que sufrir las consecuencias. No son tragedias sin causa, y la ceguera que nos impide verlo lo agrava.

Se empeñan en falsos diagnósticos, en inventar el calentamiento global, y en retar a Dios. ¿Dónde estará el límite de los castigos sino en el arrepentimiento y en la conversión? El diagnóstico errado es la muerte del paciente, donde el paciente es el mundo. ¿Habrá algo más importante para la ciencia que la predicación del Evangelio por medio de la ciencia ?

Gracias a un experimento contundente, aunque de sensillez infantil (descrito en el blog anterior) constatamos que Dios lo es todo; vuelve la ciencia, se expulsa la ignorancia; la oración se vuelve más importante que la política, la santidad que el genio, la caridad que el dinero. Podemos volver a la enseñanza fructífera de la historia que un libro reciente retoma del «Genio del Cristianismo» en un adicional «Como la Iglesia Católica Construyó la Civilización Occidental»; actualización del tema por Thomas Woods del libro inmortal de François René de Chateaubriand.

Volvemos al camino para un desarrollo científico real, en católico, del que la tomada de pelo más majadera nos sustrajo a perder décadas por el mito del mono humanizándose; y que nos condenó al enchangamiento con sus repercusiones que varían, desde el zoológico hogareño, hasta el delito selvático en ciudad. La sana dependencia de Dios como convicción necesaria al ordenamiento social, al respeto a la verdad y a la ley fueron duramente socavados por la ridícula mitología de Darwin. Por algo ha sido el autor más admirado por Carlos Marx y por todos los revolucionarios.

¡Y a que enorme pérdida de tiempo, y de esfuerzo científico ha robado a la humanidad!

Con su «Genio del Cristianismo» recordó Chateaubriand a su tiempo, y hasta al nuestro, que lo que hizo grande a Europa fue la Iglesia; y su genio, el porqué se decía que lo que Napoleón fue a las armas Chateaubriand lo fue a las letras de Francia.

Una verdad irrefutablemente sencilla debe salvar de su torpeza a las ciencias. Por ella la plegaria humilde es la necesidad más práctica, la moralidad y la justicia propias de la caridad cristiana la única exigencia. Dar más que recibir, es más que honestidad, sapiencia.

El gran interés de la mente se desplaza del objeto común de las ciencias a Dios, porque una prueba de sencillez infantil da la voltereta a la soberbia humana devolviendo la ciencia a sus manos.

¿Será necesario insistir en que, siendo el orden prueba de Dios jamás se vio tan claro e impresionante hasta que Guye metió los cálculos del átomo hasta la molécula?

Un experimento de niños para enderezar el mundo…

¡Y una prueba de sencillez infantil para enderezar a la ciencia!

NOTA DE ÚLTIMA HORA: El desánimo en las filas evolucionistas se ha vuelto total como puede constatarse por el Chronicle of Higher Education:

http://chronicle.com/blogPost/Jet-Propulsion-Lab-Faces/23245/#lastComment

¡Ya ni se pretende defender a Darwin!